Si bien hoy en día podemos encontrar películas para todas las edades, de todo tipo de género, con innumerables actrices, actores, directores, montajes, bandas sonoras, siempre pesan más los films de antes donde no había tanta tecnología, el trabajo de los directores requería de un mayor esfuerzo, la fotografía y los montajes eran ir probando con paciencia como iban quedando. Por lo tanto, en esta oportunidad, Pablo Rubio, nos acerca desde su visión retro dos películas ganadoras de los Oscar en 1952 y que siguen hoy en día marcando terreno.

Un tranvía llamado deseo:

En su idioma original se la titula como “A Streetcar Car Named Desire”, dirigida por Elia Kazan, ganadora de premios a mejor actriz, mejor actor y actriz de reparto, mejor dirección artística. Es un drama, que se basa en la novela de Tennessee Williams, cuenta la historia de una mujer adulta que era muy bella, pero cambió totalmente su imagen al congelar su tiempo en el pasado cuando estaba casada, que se llama Blanche Dubois, interpretada por Vivian Leigh. En un momento le da un sutil cambio a su vida y decide ir a vivir con su hermana Stella, interpretada por Kim Hunter, quien a su vez vive con su marido llamado Stanley, interpretado por Marlon Brando, en Nueva Orleans. Stanley es de origen polaco, que se dedica a trabajar como obrero en varias construcciones y que no trata de buen modo a Stella. Al llegar Blanche, comienza una relación con su cuñado, de amor y odio, que terminarán por denotar con sus problemas mentales.

Un americano en París:

En su idioma original se titula como “An American in Paris”, dirigida por Vincente Minnelli, ganadora de premios a mejor película, a mejor guión, mejor música, mejor dirección artística, mejor argumento, mejor vestuario. Se trata de un género romántico con toques de comedia musical, que se ambienta en la época en que finaliza la Segunda Guerra Mundial, donde un hombre llamado Jerry Mulligan, interpretado por Gene Kelly, estadounidense, que se desempeña como pintor, se traslada a París con el fin de exponer sus cuadros, obras en una galería de arte, pero al principio todo no marcha como el espera, nadie se interesa en sus obras, hasta que conoce a una mujer americana de gran caudal económico, quien ve un arte especial en Jerry y empieza a promocionar su negocio para que logre ser reconocido en París.

 

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